• Alejandro Villegas

La influencia del Arte y la Iglesia en el reconocimiento de la Infancia

El estatuto de niño, como ente diferenciable del adulto, recorrió un tardío camino a lo largo de la historia para ser reconocido como tal. El concepto de “Infancia” no existía antes ni durante la Edad Media, pues el niño era entendido como un ser equiparable al adulto, sin considerarse sus necesidades particulares, desarrollo, afectividad, etc. Eran bastante comunes los casos de abuso y violencia en su contra, que en su mayoría terminaban en abandono o infanticidio, ya sea premeditado o no, pues ello repercutía en diversas ventajas para la sociedad de la época, que iban desde el deshacerse de la responsabilidad de sostener económicamente a otro miembro de la familia, eliminar hijos no deseados o “mal vistos”: como bastardos, hijos de prostitutas o madres solteras, niños con deformidades o con deficiencias mentales, hijas mujeres, huérfanos, etc. Casos que difícilmente eran comprobables e incluso sujetos a investigación o a sanción legal.



Ninguna ciencia o disciplina estaba consagrada de manera exclusiva a la infancia, hasta la aparición de la pedagogía durante la Revolución Industrial. El campo del arte no era la excepción, pues en el Medioevo rara vez se le representaba y cuando se plasmaban en pinturas figuras de niños se trataba más bien de modelos de adultos “reducidos”, incluso con vestimenta invariable. No es sino hasta finales del siglo XVI, con la influencia del Renacimiento y, particularmente del Arte Sacro, que la noción de la niñez adquiere un sentido totalmente distinto. La representación iconográfica de la Virgen y el Niño, generalmente representados durante el amamantamiento, tuvo una influencia considerable en el reconocimiento del niño como un ente con necesidades particulares que requería cuidados y consideraciones distintas a las del adulto.



La maternidad sacralizada, encarnada en la imagen de la Virgen, exaltaría la preocupación por la lactancia, la crianza y por las cualidades de indefensión y dependencia del niño; otras escenas de la Biblia, como “La Anunciación”, “El Niño Bautista y el Niño Jesús”, “La huida de Egipto”, “La presentación del Niño Jesús en el Templo”, “La Sagrada Familia”, entre otras, influirían en el lugar privilegiado de la infancia que se ostenta hasta nuestros días, incluso “La matanza de los inocentes”, que plasma la reacción angustiada de madres tratando de defender a sus hijos y que curiosamente demuestra ambas facetas de la noción de la infancia a lo largo de la historia, tiene un papel igualmente importante en dicha influencia. La representación en el Arte Sacro de los ángeles con apariencia de niños (Los denominados Putti), aunque de influencia precristiana, son en mucho la causa por la que actualmente se considera a los niños (asociados así con lo divino) como inocentes, puros y en gran medida, sacralizados para nuestra sociedad.



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